Los inocentes

Los inocentes (The Innocents) es una película de 1961 distribuida en España con un título comercial que me niego a perpetuar. Dirigida por Jack Clayton, está basada en una obra teatral de William Archibald, titulada también Los inocentes, que a su vez está basada en la inquietante novela de Henry James Otra vuelta de tuerca.

Desde 1898, año en que se publicó, los lectores no nos hemos puesto de acuerdo todavía en si Otra vuelta de tuerca es una historia de fantasmas o una historia clínica. Ese es su encanto principal. El primer borrador del guión de Los inocentes, atribuido a William Archibald, tomaba partido por la veracidad de los fantasmas. Para compensar este defecto, Jack Clayton recurrió a su amigo Truman Capote, más partidario de la explicación psicológica que de la sobrenatural. Éste estaba concentrado entonces en la escritura de A sangre fría, pero admiraba tanto la obra maestra de Henry James que aceptó interrumpir su propia obra maestra durante tres semanas[1]. Suya, de Capote, es la simbología freudiana de Los inocentes, suyo el ruido incesante de insectos apareándose, suyas las insinuaciones de que la protagonista es una reprimida sexual con brotes paranoides. Los dos besos en la boca de la cuarentona Miss Giddens con Miles, su pupilo de 12 años, son de lo más lascivo y perturbado de mi particular historia del cine[2]. Dudo que hoy hubieran pasado el corte de la autocensura políticamente correcta.

THE INNOCENTS, Martin Stephens, Deborah Kerr, 1961, (c) 20th Century Fox, TM & Copyright

Pero lo cierto es que el objetivo de la ambigüedad entre la enfermedad mental y la posesión diabólica no llegó a lograrse plenamente, a pesar de tan notables esfuerzos. Otra vuelta de tuerca, de Henry James, no es necesariamente una novela de fantasmas porque el lector nunca llega a verlos. La única narradora, una institutriz inestable, es además el único personaje que asegura haberlos visto. Pero la subjetividad literaria no funciona igual en una sala de cine. Los espectadores ven por los ojos de la protagonista, se identifican con ella, que es tanto como decir que los fantasmas se les aparecen también a ellos. Esta simpatía involuntaria de los espectadores con la protagonista convierte a Los inocentes en una película neta, de género fantástico, sin la pretendida ambigüedad de la fuente literaria (ni falta que le hace, por cierto). Ahora bien, aunque no le haga falta, sólo por curiosidad: ¿cómo podría lograrse la correspondiente ambigüedad cinematográfica?

Una posibilidad inexplorada sería ceder el protagonismo a Mrs. Grose, el personaje que tiene fe en Miss Giddens pero que es incapaz de ver los espíritus malignos con sus propios ojos. De esta manera, se podrían representar las visiones de Miss Giddens sin necesidad de contaminar la visión del espectador indeciso, o sea, sin necesidad de mostrar ni un solo fantasma en pantalla. Esta solución no tendría por qué ir en detrimento del miedo o del misterio. La institutriz de Otra vuelta de tuerca, sin ir más lejos, describe varias escenas de apariciones sin aparecidos, reforzando así su tesis paranoica de que sus dos pupilos están conspirando en secreto con pecadores del más allá. Citaré sólo dos ejemplos:

¿Cómo puedo seguir de nuevo hoy los extraños pasos de mi obsesión? Había momentos en los que estábamos juntos y en los que hubiera estado dispuesta a jurar que, literalmente, en mi presencia, pero sin que yo fuera capaz de captarlo directamente, [los niños] recibían visitantes que eran conocidos y bien recibidos.

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[…] nuestros prodigiosos y palpables silencios —no sé decirlo de otra forma—, un raro y vertiginoso salto — ¡busco la palabra! — en la quietud, en la detención de la vida, lo cual nada tenía que ver con el mayor o menor ruido que pudiéramos hacer en aquellos momentos y que era capaz de percibir en medio de una carcajada profunda, de un recitado acelerado o de una escala mal tocada en el piano. Entonces sabía que los otros, los extraños, estaban presentes.


[1] Se pueden encontrar detalles concretos de los esfuerzos por equilibrar lo clínico y lo fantasmal en David Vericat:

https://cinemaesencial.com/peliculas/suspense-innocents

[2] Me refiero a las edades reales de los dos actores, Deborah Kerr y Martin Stephens, en el momento de besarse.

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